El club se volcó en la organización del partido: cuidó el drenaje del césped con mimo los días previos sometiendolo a un tratamiento de oxigenación para que estuviese en las mejores condiciones posibles, habilitó el gimnasio como sala de prensa para los cerca de 150 periodistas acreditados,... en fin, todo un esfuerzo que bien mereció la pena.

  Los jugadores, que celebraron juntos el triunfo en una cena y disfrutaron de unas horas más de sueño antes de reanudar el ritmo de entrenamiento habitual, ya están de lleno preparando el próximo partido de liga pero ni ellos ni los aficionados iruneses olvidarán la noche mágica del 30 de noviembre y, aunque no se quiera decir muy alto, no le quitan ojo al partido de vuelta en el Bernabeu, donde, quién sabe, todo es posible. Enhorabuena.